Pero como en casi todo, siempre que apostamos al negro nos la juega el rojo.
Siempre que tengo línea, tú rompes la fila.
No me asustes nena, que no puedo circular por el arcén de tu carretera.
Que en esas curvas derrapa el más pintado. Y en tus farolas no hay veletas
que me digan hacia dónde soplas cuando te llevan los demonios al mar.
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